jueves, 18 de septiembre de 2008

Es curioso...

Es la tarde de un viernes típico y estás manejando hacia tu casa. Sintonizas la radio. El noticiero cuenta una historia de poca importancia:

En un pueblo lejano han muerto 3 personas de alguna gripe que nunca antes se había visto.
No le pones mucha atención a ese acontecimiento... El lunes cuando despiertas, escuchas que ya no son 3, sino 30,000 personas las que han muerto en las colinas remotas de la India.

Gente del control de enfermedades de los Estados Unidos, ha ido a investigar.

El martes ya es la noticia más importante de la primera plan del periódico, porqué yá no solo es la India, sino Pakistán, Irán y Afganistán y pronto la noticia sale en todos los noticieros. Le están llamando

'La Influencia Misteriosa' y todos se preguntan: ¿Como vamos a controlarla?

Entonces una noticia sorprende a todos:
Europa cierra sus fronteras, no habrá vuelos a Francia desde la India, ní de ningún otro país donde se haya visto la enfermedad. Por lo del cierre de fronteras estás viendo el noticiero cuando escuchas la traducción de una mujer, en Francia, qué dice qué hay un hombre en el hospital muriendo de la 'Influencia Misteriosa'.

Hay pánico en Europa.

La información dice, qué cuando tienes el virus, es por una semana y ni cuenta te das. Luego tienes 4 días de síntomas horribles y entonces mueres.

Inglaterra cierra también sus fronteras, pero es tarde, pasa un día más y el presidente de los Estados Unidos, George Bush, cierra las fronteras a Europa y Asia, para evitar el contagio en el país, hasta qué encuentren la cura...

Al día siguiente la gente se reúne en las iglesias para orar por una cura y entra alguien diciendo: Prendan la radio y se oye la noticia:
2 mujeres han muerto en New York. En horas, parece que la enfermedad invade a todo el mundo.

Los científicos siguen trabajando para encontrar el antídoto, pero nada funciona. Y de repente, viene la noticia esperada: Se ha descifrado el código de ADN del virus. Se puede hacer el antídoto.

Va a requerirse la sangre de alguien qué no haya sido infectado y de hecho en todo el país se corre la voz que todos vayan al hospital mas cercano para qué se les practique un examen de sangre.

Vas de voluntario con tu familia, junto a unos vecinos, preguntándote qué pasará? ¿Será este el fin del mundo?...

De repente el doctor sale gritando un nombre que ha leído en el registro. El más pequeño de tus hijos está a tu lado, te agarra la chaqueta y dice: Papi? ese es mi nombre!. Antes que puedas reaccionar se están llevando a tu hijo y gritas: Esperen!... Y ellos contestan: todo está bien, su sangre esta limpia, su sangre es pura.
Creemos que tiene el tipo de sangre correcta.

Después de 5 largos minutos los médicos salen llorando y riendo. Es la primera vez que haz visto a alguien reír en una semana. El doctor de mayor edad se te acerca y dice: Gracias, señor!, la sangre de su hijo es perfecta, esta limpia y pura, puede hacer el antídoto contra esta enfermedad...

La noticia corre por todas partes, la gente esta orando y llorando de felicidad.

En eso el doctor se acerca a ti y a tú esposa y dice: ¿Podemos hablar un momento? Es qué no sabíamos que el donante sería un niño y necesitamos que firmen este formato para darnos el permiso de usar su sangre. Cuando estás leyendo el documento te das cuenta qué no ponen la cantidad qué necesitarán y preguntas: ¿Cuanta sangre?...

La sonrisa del doctor desaparece y contesta: No pensábamos que sería un niño. No estábamos preparados. La necesitamos toda!...

No lo puedes creer y tratas de contestar:
'Pero, pero...'. El doctor te sigue insistiendo, 'usted no entiende, estamos hablando de la cura para todo el mundo. Por favor firme, la necesitamos...toda. Tu preguntas: ¿pero no pueden darle una transfusión? Y viene la respuesta: si tuviéramos sangre limpia podríamos...

¿Firmará?.¿Por favor?...Firme!!....

En silencio y sin poder sentir los mismos dedos que sostienen el bolígrafo en la mano, firmas. Te preguntan' ¿Quiere ver a su hijo?

Caminas hacia esa sala de emergencia donde esta tu hijo sentado en la cama diciendo: Papi!, Mami!, ¿qué pasa? Tomas su mano y le dices: Hijo, tu mami y yo, te amamos y nunca dejaríamos que te pasara algo que no fuera necesario, ¿comprendes eso? Y cuando el doctor regresa y te dice: Lo siento necesitamos comenzar, gente en todo el mundo esta muriendo...

¿Te puedes ir? ¿Puedes darle la espalda a tu hijo y dejarlo allí?... Mientras el te dice ¿Papi?,¿Mami? porqué me abandonan...

A la siguiente semana, cuando hacen una ceremonia para honrar a tu hijo, algunas personas se quedan dormidas en casa, otras no vienen porque prefieren ir de paseo o ver un partido de fútbol y otras viene a la ceremonia, con una sonrisa falsa fingiendo que les importa.

Quisieras pararte y gritar: Mi hijo murió por ustedes!!! ¿Acaso no les importa?...

Tal vez eso es lo qué Dios nos quiere decir: 'Mi hijo murió por ustedes, ¿todavía no saben cuanto los amo?

Es curioso lo simple que es para las personas desechar a Dios y después preguntarse porqué el mundo va de mal en peor.

Es curioso ver como creemos todo lo que leemos en el periódico, pero cuestionamos lo que dice la Biblia.

Es curioso como nos esforzamos día tras día atesorando bienes terrenales y no dedicamos unos cuantos minutos a atesorar los bienes celestiales.

Es curioso como alguien dice: 'Yo creo en Dios', pero con sus acciones demuestra que sigue a otros.

Es curioso como enviamos millares de 'bromas' a través de un correo electrónico..., mismas que se esparcen como un fuego voraz, pero cuando envías mensajes que tienen que ver con Dios, la gente lo piensa antes de compartirlos con otros.

Es curioso como la lujuria, cruda, vulgar y obscena pasa libremente a través del ciberespacio, pero la discusión pública de Jesús es suprimida en las escuelas y en los lugares de trabajo.

¿ES CURIOSO, VERDAD?

Más curioso es ver como una persona puede ser un cristiano tan ferviente en domingo, pero ser un cristiano invisible el resto de la semana.

martes, 9 de septiembre de 2008

La Biblia y el celular


¿Se imaginan que pasaría si tratáramos a nuestra Biblia de la misma forma que tratamos a nuestro celular?
¿Y si siempre cargáramos nuestra Biblia en la
cartera, en el maletín, en el cinturón o en el bolsillo del traje?
¿Y si le diéramos una ojeada varias veces al día?
¿Y si nos volviéramos para buscarla cuando nos la olvidamos en casa o en la oficina?
¿Y si la usáramos para enviar mensajes a nuestros amigos?
¿Y si la tratásemos como si no pudiéramos vivir sin ella?
¿Y si la diéramos de regalo a los chicos, para su seguridad, y para estar comunicados con ellos?
¿Y si la lleváramos cuando viajamos, en caso de necesitarla como auxilio y ayuda?

Al contrario del celular, la Biblia no se queda sin señal.
Nos podemos conectar con ella en cualquier lugar.
No precisamos preocuparnos por la cuenta en el recibo de cobro porque Jesús ya pagó la cuenta y sus beneficios no tienen fin.

Las ondas producidas por el celular son dañinas y muy peligrosas para el ser humano si se mantiene muy

pegado al cuerpo y por tiempo prolongado, en cambio La Biblia sólo beneficios nos produce a todo nuestro

ser integral: espíritu, alma y cuerpo pues podemos comer inclusive del PAN DE VIDA.
Y lo mejor de todo: no se corta la comunicación, y la carga de batería es para toda la vida.


'Busca al Señor mientras puede ser hallado, llámenlo porque está cerca'

(Is 55:6)*



TELÉFONOS DE EMERGENCIA:
· Cuando estés triste, marca Juan 14.*
· Cuando las personas hablen de ti, marca Salmo 27.*
· Cuando estés nervioso, marca Salmo 51.*
· Cuando estés preocupado, marca Mateo 6:19,34.*
· Cuando estás en peligro, marca Salmo 91.
· Cuando Dios parece estar lejos, marca Salmo 63.*
· Cuando tu fe precisa ser fortalecida, marca Hebreos 11.*
· Cuando estés solitario y con miedo, marca Salmo 23.*
· Cuando estés duro y crítico, marca 1 Corintios: 13.*
· Para saber el secreto de la felicidad, marca Colosenses 3:12-17.
· Cuando te sientas triste y solo, marca Romanos 8:31-39.
· Cuando desees paz y descanso, marca Mateo 11:25-30.
· Cuando el mundo parece más grande que Dios, marca Salmo 90.

miércoles, 27 de agosto de 2008

Los tiempos Finales (video)





El secreto de la victoria de Jesús

Orad sin cesar. 1 Tesalonicenses 5:17

El cristianismo es una vida de permanente comunión con Cristo. Existen dos tipos de comunión. La comunión formal, que no es lo mismo que comunión “formalista”, sino formal en el sentido en que es metódica y regular. Esta comunión incluye el tiempo que separamos diariamente para dedicarnos al estudio de la Biblia, la oración, la meditación y también para participar en los cultos de la iglesia. El otro tipo es la comunión informal, la que mantenemos con Jesús a lo largo del día, mientras realizamos nuestras diversas actividades.El consejo de Pablo esta mañana es: “Orad sin cesar”. El apóstol está hablando aquí del espíritu de oración que debe caracterizar la vida del cristiano. El apóstol trabajaba “de noche y de día” (1 Tesalonicenses 2:9), y también oraba “de noche y de día” (cap. 3:10).¿Entiendes lo que está queriendo decir el apóstol? Está hablando de la comunión informal. El cristiano debe hacer de su vida una oración interminable, no en el sentido de quedar de rodillas el día entero, sino en el sentido de relacionar con Cristo todo lo que hace.Elena de Witt aconseja a las dueñas de casa que oren mientras arreglan la casa o preparan el pan. ¿Puedes trabajar, estudiar, practicar deportes, comprar y vender en espíritu de oración? Tal vez ésta sea la gran lucha del cristiano. Si puedes prestar atención a los detalles de tu propia vida, observarás que no existe gran dificultad en separar diariamente un tiempo para tu devoción con Jesús.Nuestro gran problema está en que no mantenemos la comunión informal a lo largo del día. “Orad sin cesar”; éste es el punto clave de la vida cristiana. Cuando la Biblia afirma que Enoc, David, Abraham, Noé y tantos otros héroes de la fe andaban con Dios, está mencionando precisamente el espíritu permanente de oración que estos hombres habían conseguido en su experiencia.La vida de Jesús fue una vida de permanente oración (S. Marcos 1:35). Y si él, que era Dios hecho carne, necesitaba diariamente de la comunión con el Padre, ¿cuánto más nosotros, hombres debilitados por casi seis mil años de pecado?Jesús vino a este mundo no tanto para enseñarnos que debemos ser victoriosos, sino para mostrarnos cómo se vive para alcanzar los grandes frutos de la victoria. Vino a indicarnos el camino del poder que cualquier hombre puede conseguir, porque Dios está dispuesto a dar ese poder a los que, reconociendo su debilidad, lo buscan diaria e incesantemente.Quisiera que entendieras esto y mi oracion es que Dios lo revele a tu vida: Toda la vida se basa en nuestra comunión con Dios, se basa en el primer mandamiento, amarás al Señor tu Dios con todo tu corazon, con toda tu mente y con todas tus fuerzas. Todo lo demás viene por esa relación, si quieres cambiar algo, si quieres vivir una vida de victoria, si quieres llenar ese vacío entu corazón, TODO viene por esa relación de amor con tu Dios todo poderoso!

DILEMA DEL DIVORCIO Y SEGUNDO CASAMIENTO



Todo el que repudia a su mujer y se casa con otra, comete adulterio; y el que se casa con una repudiada por su marido, comete adulterio.
S. Lucas 16.18


Es posible que la cuestión del divorcio y el derecho a volver a casarse sea el dilema más difícil que afronta la Iglesia cristiana de nuestros tiempos. Es cada vez más difícil encontrar parejas que toman en serio las palabras: «Lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre», o sea parejas que creen que el matrimonio significa la fidelidad entre marido y mujer hasta que la muerte los separe (cf. S. Mateo 19.6).


SE PUEDE ROMPER EL LAZO MATRIMONIAL, PERO NUNCA SE PUEDE DISOLVER


La mayoría de los cristianos en la actualidad creen que el hecho de divorciarse y volver a casarse es permisible tanto moral como bíblicamente. Dicen que, aunque Dios odia el divorcio, lo permite como concesión a nuestra condición pecaminosa. Explican que, a causa de la dureza de nuestro corazón, los matrimonios pueden «morir» o disolverse. Es decir, Dios reconoce nuestras flaquezas y acepta el hecho de que, en un mundo caído, no siempre se puede lograr la situación ideal. A través del perdón de Dios, siempre es posible comenzar de nuevo, aun con un nuevo matrimonio.



Sin embargo, ¿qué sucede con la promesa de unión que los cónyuges han hecho, tal vez sin darse cuenta, ante Dios? ¿Significa el perdón de Dios que podemos negar esa promesa? ¿Permite Dios la infidelidad alguna vez ? Así como la unidad de la Iglesia es eterna e inmutable, así también el matrimonio refleja esta unidad y es indisoluble. Al igual que los cristianos del primer siglo, creo que mientras vivan los dos que hayan formado un matrimonio, ninguno de los dos puede volver
a casarse después de divorciarse. La pareja que Dios ha juntado en la unidad del Espíritu se mantiene unida hasta que la muerte la separe. La infidelidad, de parte de uno o los dos cónyuges, no puede cambiar este hecho. Ningún cristiano tiene la libertad de casarse con otra persona
mientras viva aquella con quien se había casado antes. Va de por medio el vínculo de la unidad.
Jesús dijo claramente que fue a causa de la dureza del corazón que Moisés, bajo la ley, permitió el divorcio (cf. S. Mateo 19.8). Sin embargo, entre sus discípulos, los que habían nacido del Espíritu, la dureza el corazón ya no constituye una excusa válida. Moisés dijo: «El que se divorcia de su esposa debe darle un certificado de divorcio». Sin embargo, dijo Jesús: «…todo el que se divorcia de su esposa, excepto por motivo de infidelidad conyugal, la induce a cometer adulterio, y el que
se casa con la divorciada comete adulterio» (S. Mateo 5.31-32). Los discípulos comprendieron claramente esta palabra decisiva de Jesús: «Si se es el caso entre esposo y esposa, es preferible no casarse» (S. Mateo 9.10). Moisés permitió el divorcio por pura necesidad, pero eso no cambia el hecho de que desde el inicio el matrimonio fue creado para ser indisoluble. Un matrimonio no puede ser disuelto (aun si el lazo ha sido roto), ni por el esposo que abandona a su esposa adúltera, ni por la esposa que abandona a su marido adúltero. El orden de Dios no puede ser anulado tan fácilmente ni tan a la ligera.



San Pablo escribe con la misma claridad a los Corintios:


A los casados les ordeno no yo sino el Señor: que la mujer no se separe del marido. Sin embargo, si se separa, que no vuelva a casarse o que se reconcilie con su marido. Y que el marido no despida a su mujer (1 Corintios 7.10-11).


También escribe el Apóstol: «La mujer está ligada a su esposo mientras él viva; pero si muere el esposo, ella queda libre para casarse con quien quiera, con tal que él pertenezca al Señor (1 Corintios 7.39). Y en Romanos dice: «Si se casa con otro hombre mientras vive su esposo, será
considerada adúltera» (Romanos 7.3).


Ya que el adulterio es una traición de la unión misteriosa entre un hombre y una mujer que son una sola carne, es un engaño de lo más abominable. El adulterio siempre debe ser confrontado claramente por la Iglesia, y el adúltero debe ser llamado al arrepentimiento y recibir
disciplina (cf. 1 Corintios 5.1-5).


LA RESPUESTA A UN VÍNCULO ROTO ES LA FIDELIDAD Y EL AMOR


Aun si Jesús permite el divorcio por razones de fornicación o adulterio, nunca debe ser el resultado inevitable ni una excusa para volver a casarse. El amor de Jesús reconcilia y perdona. Los que buscan un divorcio siempre se quedarán con una mancha de amargura en la conciencia.
No importa cuánto dolor emocional haya causado un cónyuge adúltero, el cónyuge herido debe estar dispuesto a perdonar. Sólo podemos recibir el perdón de Dios para nosotros si estamos dispuestos a perdonar a otros (cf. S. Mateo 6.14-15). El amor fiel es la única solución para
un vínculo roto. Ha sucedido varias veces en nuestras comunidades que un cónyuge casado ha sido infiel a Cristo y a la Iglesia, nos ha abandonado y después se ha divorciado de su cónyuge y se ha vuelto a casar. Casi siempre, el cónyuge abandonado ha decidido quedarse en la Iglesia, fiel
a sus votos como miembro y sus votos de matrimonio. Aunque haya sido muy difícil tomar esta decisión, y más aun cuando se tienen hijos, sin embargo representa parte de la ofrenda del discípulo. Si creemos en Dios, Él nos dará la fortaleza para mantenernos firmes. En todas las ceremonias de bodas de nuestras comunidades, se le pregunta a la pareja:


Mi hermano, ¿promete nunca seguir a su esposa? y, mi hermana, ¿promete nunca
seguir a su esposo, en lo que es malo? Si uno de ustedes se alejara del camino de
Jesús y quisiera abandonar la Iglesia y el servicio de Dios en unión con la comunidad,
¿promete siempre colocar su fe en nuestro Maestro, Jesús de Nazaret, y la
unidad en su Espíritu Santo, por encima de su matrimonio, y también cuando
sean confrontados por las autoridades del gobierno? Les pregunto esto, sabiendo
que un matrimonio está construido sobre la arena si no está construido sobre la
roca de la fe, la fe en Jesús el Cristo.


Aunque esta pregunta pueda parecer muy dura para algunos, contiene una gran sabiduría. En cierto sentido, simplemente nos recuerda las alternativas que tiene por delante cualquier persona que dice ser discípulo: ¿Estamos listos para seguir a Jesús sin importarnos el costo? El
Señor mismo nos advirtió: «Si alguno viene a mí y no sacri.ca el amor a su padre y a su madre, a su esposa y a sus hijos, a sus hermanos y a sus hermanas, y aun a su propia vida, no puede ser mi discípulo» (S. Lucas 14.26). Si una pareja toma en serio esta advertencia, puede causar una separación, pero la santidad de su vínculo matrimonial en realidad se protegerá. No estamos hablando sólo del matrimonio como tal, sino del vínculo más profundo entre dos personas unidas en Cristo y en su Espíritu Santo (cf. 1 Corintios 7.15-16). Cuando un hombre o una mujer se mantienen fieles a su cónyuge, a pesar de cualquier in.delidad de parte del otro, representa un testimonio de esta unidad. La fidelidad a Dios y su Iglesia siempre puede engendrar un nuevo compromiso y una nueva esperanza. Hemos observado más de una vez que la fidelidad de un cónyuge creyente ha llevado al cónyuge incrédulo de nuevo a Jesús, de nuevo a la Iglesia y de nuevo al matrimonio.


LA VERDADERA FIDELIDAD SIGNIFICA MÁS QUE SIMPLEMENTE ABSTENERSE DEL ADULTERIO


Aunque Dios odia el divorcio, también juzgará a los matrimonios fracasados o donde ya no hay amor, lo que debe ser una advertencia para todos nosotros. ¿Cuántos de nosotros nos hemos comportado de manera dura y fría con nuestros cónyuges en un momento u otro? ¿Cuántos miles de parejas simplemente llevan una vida de coexistencia en vez de amarse mutuamente? La verdadera fidelidad significa más que simplemente abstenerse del adulterio. Debe ser un compromiso de cuerpo y alma. Cuando los esposos carecen de un compromiso mutuo y llevan vidas separadas o aisladas, no falta mucho para que llegue la separación y el divorcio.


Todas las iglesias deben luchar contra el espíritu del adulterio dondequiera que lo encuentren. Y no estoy hablando simplemente del adulterio como un acto físico: en cierto sentido, cualquier actitud dentro de un matrimonio que debilite el amor, la unidad y la pureza, o impida un espíritu de reverencia mutua, constituye adulterio porque alimenta el espíritu del adulterio. Por eso Dios dice que la infidelidad del pueblo de Israel constituye adulterio (cf. Malaquías 2.10-16).
En el Antiguo Testamento, los profetas utilizaban el concepto de la fidelidad en el matrimonio como una ilustración del compromiso de Dios con Israel, su pueblo escogido, su novia (cf. Oseas 3.1). De manera similar, el Apóstol Pablo compara el matrimonio con la relación de unidad entre Cristo, el novio, y su Iglesia, la novia.


Sólo podemos considerar claramente el tema del divorcio y nuevo matrimonio dentro del marco de estas imágenes bíblicas. Cuando una iglesia no hace nada para apoyar a los matrimonios de sus propios miembros, ¿cómo puede decir que es inocente cuando se desbaratan estos matrimonios? Cuando se rehusa a declarar que «lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre», ¿cómo puede esperar que sus miembros casados mantengan su compromiso para toda la vida? Al considerar estas preguntas, debemos evitar dos peligros. Primero, no podemos estar de acuerdo con un divorcio; segundo, nunca debemos tratar con legalismo o rigidez a los que sufren la angustia y el dolor del divorcio. Al rechazar el divorcio, no podemos rechazar a la persona divorciada, aun si se ha vuelto a casar. Siempre debemos recordar que, aunque Jesús habla muy fuertemente contra el pecado, nunca carece de compasión. Sin embargo, ya que Jesús anhela llevar a todos los pecadores a la redención y sanidad, exige que haya arrepentimiento por todos los pecados. Lo mismo sucede con cada matrimonio desbaratado. Es claro que nunca debemos juzgar. Al mismo tiempo, sin embargo, sobre todo debemos ser fieles a Cristo. Debemos recibir y seguir toda su verdad, no sólo aquellas partes que parecen llenar nuestras necesidades
(cf. S. Mateo 23.23-24). En nuestra comunidad cristiana, por lo tanto, ningún miembro bautizado puede divorciarse y volver a casarse si todavía vive un ex cónyuge. Asimismo, ningunos de los esposos que tengan antecedentes de divorcio y hayan vuelto a contraer matrimonio pueden llegar a ser miembros totalmente mientras sigan viviendo dentro de una relación matrimonial. El volver a casarse agrava el pecado del divorcio y evita la posibilidad de reconciliarse con el primer cónyuge. Nosotros creemos firmemente en una fidelidad matrimonial que dure toda la vida. Ninguna otra posición concuerda con el amor auténtico y la verdad.


TODO ES POSIBLE PARA DIOS


Naturalmente, para evitar el divorcio, la Iglesia debe ofrecer a sus miembros dirección y apoyo práctico mucho antes de que se desbaraten los matrimonios (cf. Hebreos 10.24, 12.15). Aun cuando sólo existan pequeñas señales de que corre peligro un matrimonio, lo mejor es ser sincero y franco al respecto. Una vez que una pareja se ha distanciado demasiado, puede hacer falta un cambio geográfico así como un período de tiempo para que se encuentren de nuevo. En una situación así, como lo que sucede cuando un cónyuge se ha vuelto abusivo, puede ser necesaria una separación temporal. Sobre todo, cuando sucede este caso, la Iglesia debe encontrar maneras concretas de ayudar a los dos cónyuges, primero a que busquen el arrepentimiento y luego encuentren la confianza mutua y el perdón que son necesarios para restaurar el matrimonio.


Qué lástima que en nuestra sociedad actual, la fidelidad es tan rara que ha llegado a considerarse como una virtud «heroica». ¿No se debe dar por sentada la fidelidad, como el fundamento de nuestra fe? (Cf. Gálatas 5.22.) Como seguidores de Cristo, ¿no debemos estar dispuestos todos a mantenernos fieles hasta la muerte, a Cristo, a su Iglesia y a nuestro marido o mujer, tanto en los buenos como en los malos tiempos? Sólo una determinación de esta índole nos permitirá mantenernos .eles a nuestro voto matrimonial. El camino del discipulado es un camino angosto, pero a través de la cruz, cualquier persona que escucha las palabras de Jesús puede ponerlas
por obra (cf. S. Mateo 5.24). Si es dura la enseñanza de Jesús sobre el divorcio y el segundo matrimonio, será simplemente porque tantas personas en la actualidad ya no creen en el poder del arrepentimiento y del perdón. Será porque ya no creemos que lo que Dios ha juntado puede
mantenerse unido, por su gracia; y que, según dice Jesús, «todo es posible para Dios».


No debe haber nada que sea demasiado difícil para nosotros si es un requisito del evangelio (cf. S. Mateo 11.28-30). Si examinamos la enseñanza de Jesús sobre el divorcio y el nuevo casamiento dentro del contexto de nuestra fe, veremos que es una enseñanza de gran promesa,
esperanza y fortaleza. Es una enseñanza cuya justicia es mucho mayor que la de los moralistas y filósofos. Es la justicia del Reino, y está basada en la realidad de la resurrección y la nueva vida.


sábado, 14 de junio de 2008

La Marca de Dios

Por: Danilo Montero

El proceso espiritual nos lleva a experimentar la santidad es en el que convergen dos elementos esenciales. El primero, la grada de Dios que nos toca y nos imparte la semejanza de Cristo. Y el segundo, nuestra voluntad que se rinde al Señor y nos mueve a tomar las decisiones necesarias para alcanzar los cambios que anhelamos.
Jamás tocaremos las alturas de la santidad de Dios sin que Él sea quien la imparta.

La obra perfecta de Cristo en la cruz es la fuente de la que emana tal bendición. Su sacrificio substitutivo por nuestros pecados y su resurrección victoriosa aseguran a los creyentes la dicha de gustar de la piedad durante nuestra presente vida.

Lo anterior, sin embargo, no elimina nuestra responsabilidad de buscar la santidad y la transformación espiritual, Somos colaboradores de Dios en este proceso. Por la misma gracia que recibimos de Dios, atendemos al llamado que Él nos hace para caminar hacia la sanidad y la restauración.

Jacob buscaba la bendición de Su padre y la consiguió finalmente. Para lograrlo, engañó a su familia. Su búsqueda era sincera, quería romper con el estigma que conllevaba su nombre una expresión de la n-seria espiritual.

Una vez escuchada la bendición de Isaac, Jacob fue enviado a buscar esposa. El favor de Dios estuvo sobre él bendiciéndole en todas las áreas, pero llegó el momento cuando Señor lo llamó a volver a casa de sus padres. Él "suplantador" llega; una encrucijada para alcanzar el cambio.

Los siguientes principios revolucionaron mi vida y fueron una parte importantísima de la estrategia divina para traerme a un lugar de madurez y paz.

1.- Cierra los capítulos inconclusos.
Para poder sanar emocionalmente y descubrir una verdadera libertad, tendremos que entender el "lugar" en nuestra vida donde fuimos marcados. Es probable que esa "marca" fuera causada en nuestro propio hogar. La vida funciona de tal manera que no puedes alcanzar tu madurez a menos que resuelvas el lugar de tus principios.

2. Acepta la confrontación de otros. Una de las necesidades más grandes que tenemos los que servimos a Dios es la de establecer vínculos con hombres y mujeres piadosos con quienes compartir nuestras luchas, y de quienes recibamos consejo. Si queremos cambios necesitamos dejar el aislamiento espiritual y confiar en otras personas.

3.- Descubre a Dios en tu soledad. Quizás detestamos la soledad porque tememos estar con la persona que más odiamos en este mundo: nosotros mismos. Esto sucede porque no hemos hecho las paces con el que se asoma al espejo cada mañana. Por eso es necesario acudir a Dios, quien nos ayuda a aceptarnos tal cual somos.

4. Ríndete completamente a Dios. Cuando admitimos nuestra limitación humana le abrimos paso al poder de Dios. Sólo allí, el hombre natural es quebrantado y cede el lugar a Dios.

5. Atrévete a confesar. La confesión es lo único que permite que las tinieblas sean expuestas a la luz y se conviertan en libertad y en sanidad- Jacob admitió su identidad, su pecado y comenzó su cambio.

6. Déjate marcar por Dios. Dios tiene nombre nuevo para aquellos que caminan por el puente puente de la confrontación confesión que atraviesan el camino angosto de la confesión y que llegan al altar de la rendición total.

Nuestra alma encontrará descanso en la nueva identidad que nos trae el nombre nuevo que nos es dado. El suplantador dejó atrás su vergüenza, ahora era llamado "Israel".
Él te dice: "Tu eres mi hijo amado, eres la niña de mis ojos, eres mi especial tesoro, una diadema en mi frente, eres mi palacio, eres el templo de mi espíritu. Tú eres mi Sión, eres la tierra que yo deseé, la Nueva Jerusalén , la ciudad donde viviré eternamente. Ese es tu nombre nuevo: Descúbrelo. Ya no eres un anónimo, eres mi hijo, mi familia. Antes eras un cobarde, ahora eres un guerrero".

DANILO MONTERO es uno de los pioneros en el despertar de la alabanza y adoración en Latinoamérica. Es el autor del libro El abrazo del Padre por Casa Creación.

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